Mar. Abr 16th, 2024
La familia Dávila

Tanto la fiesta del Patronato de San José como la del Hallazgo de la Santa Cruz han sido siempre celebraciones muy importantes en la Villa de Teror. Dado que la primera no podía solemnizarse en la onomástica correspondiente por coincidir con los tiempos de Cuaresma, se trasladó a principios de la primavera una vez transcurrido el llamado Tiempo Pascual o Pascua Florida. Por esta razón, durante décadas han sido típicamente los días festivos de abril y mayo.

El segundo conmemora el descubrimiento o invención de los restos de la Vera Cruz por parte de Santa Elena, madre del emperador Constantino y siempre se ha situado el 3 de mayo, fecha en la que se habría producido este hecho.

Era la figura de San José, muy querido por la clase humilde que veía en su persona y en su obra algo muy cercano a su vida cotidiana.

En respuesta a esta proximidad, en 1847 Pío IX fijó la fiesta de San José en el tiempo pascual y en 1870 el mismo Papa lo declaró Patrono de la Iglesia universal y elevó la fiesta del 19 de marzo a doble rito de primer orden. Los papas posteriores continuarán en la misma línea de exaltación hasta Pío XII.

Con la decisión de este último, ambas conmemoraciones se situaron en casi las mismas fechas sin que existiera una relación festiva conjunta previa. Esta costumbre de reunirlos en la Villa de Teror comenzó a mediados del siglo pasado, pero acabó afianzándose tras la resolución de Pío XII de institucionalizar la fiesta dedicada a San José Obrero o Artesano como Patrón de los Trabajadores el 1 de mayo de 1955. .

Las fiestas de San José fueron siempre eventos con amplia participación popular y tanto los jóvenes de Teroro como el sindicato de carpinteros -organizadores de las mismas- fueron los encargados de satisfacer las expectativas de la pedanía del municipio y junto a triduos, funciones y sermones en la Basílica proporcionó pérgolas, arcos, plantaciones de árboles, carreras de caballos, juegos pirotécnicos, baile con banda, paseo, feria de ganado, partidos de fútbol, ​​carreras de bicicletas o veladas teatrales en las llamadas aulas de catequesis.

Desde la erección de las otras dos parroquias separadas de la de El Pino en el siglo XX, tanto Los Arbejales como El Palmar también han comenzado a celebrar actos festivos y religiosos en el mes de mayo. La historia de San José El Huevero queda en El Palmar para ahondar en la fiesta y el sobrenombre.

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Pero será en 1955, cuando además de la decisión papal Teror celebró el cincuentenario de la coronación canónica de Nuestra Señora del Pino, las fiestas se celebraron agrupadas por fecha, pero separadas en actos y aunque en 1952 también se celebraron juntas , no alcanzaron el esplendor de 1955 ni dejaron fijos sus principales actos.

Así, tras un triduo del 28 al 30 de abril, el domingo 1 de mayo a las 10.30 horas, se celebró una solemne función religiosa cantada por la Juventud de Acción Católica en la que participó don Faustino Alonso, párroco del Sagrado Corazón de Jesús de Arbejales.

Al finalizar, la procesión del Santo salió por las calles de siempre, escoltada por el Ilustre Ayuntamiento, carpinteros y gente. La procesión de la Santa Cruz tuvo lugar el 3 de mayo de otras maneras.

Los días anteriores se dedicaron -entonces como ahora- a la decoración de las fachadas con los llamados «Croci di Maggio».

La comisión organizadora formada por las familias de los carpinteros y posteriormente integrada por ellos y los de los bomberos Dávila, adornó la Cruz Verde y toda la Plaza de Nuestra Señora del Pino con guirnaldas de chopo blanco a la antigua usanza.

Además este año han respetado la tradición y la costumbre.

Los comercios siempre estaban cerrados el día de la Santa Cruz y tras la colocación de uno en la Hoya Alta en 1901. Ese día era obligatorio subir a celebrar comidas y diversos actos religiosos, donde otra familia, los González, adquirió el compromiso para decorarlo con flores y elementos vegetales y con los que continúan en la actualidad.

Tanto la unificación en una sola procesión, como la vinculación de la tradicional manifestación de la Barca y el Castillo a esta fiesta se produjo a mediados del siglo pasado, con lo que la fiesta entró en los años sesenta y era muy parecida a como la conocemos. hoy. .

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La integración de los nuevos espacios urbanos creados en las últimas décadas ha determinado el traslado de los acontecimientos a los mismos, sobre todo teniendo en cuenta la seguridad de las personas presentes así como las antiguas edificaciones del conjunto histórico de la Villa. Dependiendo de esto, así como de los presupuestos municipales o cambios en la estructura de trabajo del país, modificaron esta y otras celebraciones. El principal fue la desaparición de los carpinteros como organizadores tradicionales de las mismas, aunque los bomberos pudieron tomar el relevo con todo honor.

El pueblo de Teroro -la familia Dávila es un buen ejemplo de ello- ha sabido tener el honor y la honradez del debido respeto a las tradiciones de los antiguos. Así lo afirmaba Antonio Sarmiento Domínguez de Teroro en uno de sus escritos al hablar de la Hoya Alta y de la costumbre de escalar estos días.

«Teror, luciendo cruces de bellas flores en las ventanas y balcones, anuncia a sus habitantes la gran romería a la Cruz de la Hoya Alta».

El informe del acto bélico de ‘Ship and Castle’ que conmemora la hazaña de la milicia en el intento de invasión de Sir Francis Drake en 1595, con la defensa del honor y sobre todo del catolicismo, fue uno de los principales motivos de su supervivencia. al presente.

El traslado de esta fiesta marinera, costera e incluso militar durante algún tiempo a otras localidades del interior de Gran Canaria (San Lorenzo, Santa Brígida, Teror) se debe a la aparición a mediados del siglo XIX de esta familia, que por día de hoy es el patrimonio inmaterial y precioso de Villa Mariana.

Todo comenzó con Gabriel Dávila Trujillo, el primer jugador destacado de Fuego en la isla de Gran Canaria, nacido en La Aldea el 3 de noviembre de 1814, con raíces maternas en la isla de Fuerteventura.

Por matrimonio se trasladó a Gáldar, donde inició sus actividades pirotécnicas, que transmitió a los hijos que tuvo con su primera mujer, María de Quesada, de Galá. Uno de ellos, Francisco Dávila Quesada, fue bisabuelo de Juan Ramón Martel, fundador en 1982 de la empresa pirotécnica de San Miguel de Valsequillo.

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Gabriel acabó llegando al barrio terorense de Guanchía en el año 1850, donde se incorporó a la terorense Brígida Morales. Y es en ese momento donde radica la raíz de la celebración del «Incendio de la nave y el castillo» de Teror: en la familia Dávila que lo trajo en los años 30 de la Fiesta de La Naval del Puerto en Las Palmas de Gran Canaria a la fiesta de la primavera de San José y La Santa Cruz.

Por ello, con el paso de los años y el progresivo abandono del gremio de carpinteros, ha quedado hoy, con toda justicia y mérito en manos de los bomberos de la Villa, un verdadero lujo, herencia y tradición de toda la isla de Gran Canaria, de todas las Islas Canarias.

Ya en 1918 Francisco González Díaz escribía sobre ellos «En Guanchía se prepara y carga la pólvora que arde en las fiestas de Gran Canaria, de Guanchía salen sorprendentes monumentos pirotécnicos; en Guancía son los hechiceros de la magia flamígera y sonora que encanta las velaciones patronales de nuestros pueblos».

Desde Gabriel Dávila Trujillo se han sucedido siete generaciones que han mantenido la tradición y las festividades: Juan Dávila Morales, Pedro Dávila Santana, Pedro Dávila Rodríguez, Benjamín Dávila Cabrera, Benjamín Dávila Sosa y Benjamín Dávila Rodríguez forman la línea genealógica, histórica y emocional del di’ El incendio del barco y el castillo es el resumen de toda esta fiesta.

Para ello, nadie mejor que Benjamín Dávila Sosa para iniciar esta primera convocatoria, con la que el Ayuntamiento de Teror ha decidido acertadamente innovar este año.

Tienen reconocimiento y agradecimiento social en toda Gran Canaria. Ahora ya tienen el honor de ser los custodios de salvaguardar este acontecimiento histórico para las generaciones futuras, siendo además los primeros heraldos para todo el archipiélago.

Por Jose Luis Pastor Gomez

Jose Luis Pastor Gómez es un famoso periodista español. Nació el 5 de mayo de 1966 en Madrid, España. Tras finalizar sus estudios en la Universidad Complutense de Madrid, comenzó su carrera profesional como periodista en 1988. Ha trabajado para varios periódicos y revistas como El País, El Mundo y ABC. Además, ha colaborado en diferentes programas de radio y televisión. Su trabajo ha sido reconocido con varios premios, como el Premio Rey de España al Mérito Periodístico (2001) y el Premio Nacional de Periodismo (2002). En la actualidad, José Luis Pastor Gómez es miembro de la junta directiva de la Asociación Española de Editores de Periódicos (AEDE) y de la Asociación Internacional.

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