Mié. Nov 29th, 2023
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Néstor Álamo decía que en Teror la Semana Santa era una dedicación plena, solemne e indivisa, seriamente devota, “una devoción separada; prístino. Algo que recuerda a las altas solemnidades de las ciudades más antiguas de Castilla; algo apenas tocado por el morbo andaluz…. Nuestra Semana Santa no tiene encapuchados. Tampoco crees que sea necesario. Cuando quisieron imponerlas, rodaron solas por el suelo. Por falso y falso. Nosotros, disculpe, somos nosotros. Si no fuera por la banalidad diríamos que también somos «nuestras circunstancias»

En la mañana del Domingo de Ramos de 1953 tuvo lugar en la más rigurosa liturgia y solemnidad.

Después del Rosario y la homilía, el Señor Predicador salió en procesión, acompañado de los niños portando las palmas.

El paso del Señor en el Huerto de los Olivos se inició el Lunes Santo, acompañado por campesinos del Terror.

El Martes Santo, los pasos del Señor de la Columna, de San Juan Evangelista y del Santísimo. Virgen, acompañada de los mercaderes de la Villa.

El 1 de abril de 1953, Miércoles Santo, tras el rosario y el sermón, tuvo lugar la procesión del Encuentro, que tuvo lugar en la Plaza de Nuestra Señora del Pino.

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Aquel día, hace setenta años, el pueblo de Teroro quiso embellecer aún más sus solemnidades y en la tarde de aquel Miércoles Santo hizo su presentación en la Villa, la Cofradía de las SS. Cristo y Nuestra Señora de los Dolores, con los correspondientes nazarenos, capirotes, etc. poniendo la nota fuerte en todos los aspectos de la dolorosa conmemoración de ese año; y tanto el modo circunspecto que daban a las procesiones y su aislamiento, como la novedad que representaban en el campo grancanario, encontraron una favorable acogida tanto entre los teroranos como entre los «forasteros» que acudían ese año a disfrutar de la Semana Santa en Pinar. Villa.

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En general gustó y la noticia recogió el hecho, con algunos detalles claros que captaron las más mínimas referencias a la nueva manifestación del fervor terrorense.

Pero en ese momento, los hombres, jóvenes y niños que componían la Cofradía sólo querían añadir más adornos a los ya solemnes actos con los que Teror testimoniaba su fe en la Semana del Dolor y la Resurrección; y así lo hicieron, como muestra la crónica con todo el minucioso preciosismo que merecía el hecho, “usar el vestido correspondiente, según el estado de cada hermano: soltero, túnica color canela y casado, púrpura; las capotas de ambos, beige.

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Siguiendo a la Cofradía, dos filas de niños ataviados a la usanza de la época de Jesús, túnica blanca, faja roja, tocado con mantón corto y manto sobre los hombros, ambos vestidos de blanco. Todo este equipo estaba adornado con el estandarte de la piadosa organización llevado por un cohermano, y por otro que llevaba la cruz, la esponja y la lanza.

Tras la ceremonia del Encuentro, se cantó el «O vos omnes» ya continuación se organizó la procesión, que constituyó un gran día de la Semana Santa de Teroro.

Ya de noche, esta procesión volvió al templo, engullendo los espíritus del elocuente silencio de los cofrades en perfecto orden.

“El Jueves Santo fue, durante la mañana, también un día de gran exaltación religiosa. Fueron innumerables las comuniones distribuidas e incesantes visitas al Monumento para rendir ferviente homenaje de adoración al gran Sacramento de la Eucaristía.

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Por la tarde, tras el sermón del Mandato, partió la procesión de Ntro. Señor, ya en la Cruz, acompañado de imágenes de la Magdalena, San Juan y el Santísimo. Virgen. El animismo dio gran protagonismo a este cortejo procesional, la citada Cofradía. Durante la noche, además de la vigilia de Adoración Nocturna, se realizó la correspondiente Hora Santa Eucarística, a la que asistió un gran número de fieles.

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Por la mañana, los oficios correspondientes; por la tarde, después de la homilía, tuvo lugar la Bajada del Señor de la Cruz para colocarlo en el sepulcro; ceremonia que a Teror siempre ha gustado por su realismo, solemnidad y asombro, tras la cual se inició la procesión del Santo Entierro, que recorrió los pasos de la Cruz con los Santos, el Sepulcro, la Magdalena, San Juan y la Virgen de la Soledad.

Ese día acudió a Teror mucha gente de Las Palmas de Gran Canaria y pueblos cercanos. A las ocho de la tarde, tras la caída de la losa y el sermón, tuvo lugar la procesión de los ejercicios espirituales, en la que fue acompañada la Virgen en su Soledad.

En la madrugada del Domingo Santo concluyeron las diligencias de aquel año.

Y aunque complació al pueblo y a la prensa de la época, el arzobispo Pildain concluyó con los nazarenos de Teroro argumentando que “Ya habían pasado los carnavales”.

Y Néstor Álamo, que siempre repetía que le gustaba disfrutar de la «Semana Santa de Teror y del Corpus Christi en la Ciudad», pudo seguir haciéndolo en la Villa sin añadir lo que llamó «Suavidad andaluza».

Imágenes: Semana Santa 1953

José Luis Yáñez Rodríguez

Cronista oficial de Teror

Por Mar Eusebio Sanchez

Mar Eusebio Sánchez es una periodista española que ha trabajado en el sector durante más de 10 años. Comenzó su carrera como reportero local en su ciudad natal, Alicante, antes de trasladarse a Madrid para trabajar en el diario El País. En los últimos años, ha sido colaboradora habitual del Servicio Mundial de la BBC, escribiendo sobre política y cultura españolas.

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