Vie. Abr 19th, 2024
Semanal de evocación y nostalgia

Esta ‘semana más grande del año’, que ha sido así durante muchas generaciones de grancanarios siglo tras siglo, también tiene su lado de nostalgia, de recuerdos que cobran vida con infinito detalle. Una estrella sobre la Plaza de Santa Ana, un intenso aroma a incienso por la Plaza de los Álamos, el sonido de los tambores, que aún no se han visto, descendiendo por la calle del Dr. Chil, la esbelta, elegante y distintiva figura, como una bandera del alma insular, de una mantilla canaria a la sombra de la Fuente del Espíritu Santo, suficiente para los recuerdos florecen y las sensaciones salen a la superficie. Incluso alguna que otra lágrima se ve en muchos rostros, cuajada de dulce melancolía.

Ya un autor como Domingo Doreste Fray Lesco, que sabía mucho sobre el alma de la Semana Santa en Gran Canaria, hablando de una de las figuras más tradicionales del semanario de Vegueta, como era Anita Carvajal, se preguntaba en un artículo publicado en la Cuaresma de 1939, “¿Por qué el recuerdo de esta mujer me persigue, año tras año, cuando cae la Pascua? ¿Será acaso una dulce obsesión de la infancia? El ilustre autor de memorias José Miguel Alzola no escapó a esta necesidad de recuerdos con cierto aura de nostalgia, tanto que al final de su célebre obra ‘Semana Santa de Las Palmas’ (1989) optó, a pesar de muchas dudas iniciales, por incluyen un primer capítulo «que trata de los recuerdos de mi infancia… a pesar de las tonterías que te cuento».

Y considero ese componente nostálgico, como lo hicieron miles de personas de ayer y de hoy, uUn punto esencial para las experiencias de la semana mayor, tan imprescindibles como la miel para las torrijas, el azúcar para los pestiños o un poco de gofio espolvoreado sobre los huevos de mole. Sin embargo, aún hoy no debemos tomar la nostalgia como un yugo pesado que nubla nuestro entendimiento, que nos convence de que “cada vez en el pasado fue inevitablemente mejor”. No, porque no entenderíamos que, en realidad, nada ha vuelto a ser igual, y que la Semana Santa, como muchos otros actos identitarios, fiestas y celebraciones de la isla, cambió mucho en su transcurso entre los siglos XVI y XX, y todavía lo hace actualmente.

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Las formas avanzan para que la esencia se mantenga, y esa esencia, modelada en el ser y sentir de cada siglo, es lo que verdaderamente representa esos suaves sentimientos de nostalgia que endulzan el sabor y el ambiente de la Semana Santa. Pues nuestra nostalgia no debe ser por algo que se ha perdido, sino por la belleza que ha florecido sobre todo lo que iba dando paso a nuevas expresiones, y así hasta hoy, conformando la verdadera sabia identidad de estos días.

Pero, como añadía el poeta checo Jaroslav Seifert, hablándonos de “toda la belleza del mundo”, de aquello que nos reconcilia con nuestro entorno, Volvamos a los recuerdos a los que estamos condenados. Porque la vida sin ellos sería vacía y desolada. Y la Semana Grande de Gran Canaria está llena de motivos más que suficientes para recordar hechos, sucesos, ceremonias, costumbres que, si bien han desaparecido, cuando el futuro así lo ha hecho, en él se asienta lo que sucedió a continuación, así como así. es el zumbido melancólico de nuestros recuerdos, incluso el vestigio de lo que creemos saber, pero que nos ha llegado sólo a través de esa transmisión espontánea que se produce de una generación a la siguiente.

Así, en medio de estos días podemos evocar algo tan habitual en la Semana Santa de otros siglos, tan necesaria en este tiempo presente, la llamada «Consejo del Perdón», o la «pizarra en blanco» como se decía comúnmente en toda la isla. Era costumbre que, después de la misa conventual, el decano y los canónigos de la catedral canaria celebraran un acto de penitencia y reconciliación, en el que pedían perdón a Dios y se pedían perdón unos a otros, por los agravios que se hubieran podido infligir desde el pasado Pascua de Resurrección.

Imagen principal - Semanasantera evocación y nostalgia

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Además de recordar la ‘Miserere’ que se escuchaban desde algunas parroquias, en casos y horas a cargo del inolvidable sochantre honorífico de Santo Domingo ‘Mateito’, o en la Catedral, a veces presidida por una numerosa orquesta sinfónica, y que todo el público se apresuraba a llegar puntual y no perder ninguna de las interpretaciones de este habitual canto solemne frente al Crucifijo, que actualmente se escucha, con impresionante silencio y recogimiento, en la Plaza del Espíritu Santo, cuando se entona, desde el interior de la pequeña ermita, a la medianoche del Jueves Santo. Viernes, antes de la salida al Vía Crucis del Cristo del Buen Fín.

Otra de las ceremonias que más repercusión tuvo, y por tanto quedó en la memoria urbana de Veguera, fue la de ‘Ceremonia de la Seña’, o ‘Ceremonia de la Bandera’, que tenía lugar en el altar mayor de la Catedral cada Miércoles Santo, después de la Misa y el canto de Vísperas. Alzola recordó cómo los «canónigos, ataviados con sus capas negras, complementadas con largas colas, salían del coro (ya no existe, fue suprimido hacia 1963 y ahora se pueden ver sus paredes en la vía Obispo Codina) por el camino sagrado llevando la capota echada sobre el capó…». De la sacristía sacaron una gran bandera negra con una gran cruz roja en el centro, que ondeaba sobre las cabezas de los sacerdotes que permanecían de rodillas. Ceremonia similar a la que se hacía en los ejércitos antiguos cuando moría en combate un capitán de prestigio, o sobre soldados caídos en combate. Y un momento que resultó muy sugerente, tanto para los adultos como para los niños, fue el momento en que, en la lectura de la Pasión de Jesucristo, se narraba el momento en que exhalaba su espíritu y el sacerdote recordaba cómo “el velo de la templo se partió en dos, de arriba abajo, y la tierra tembló y las rocas se partieron», luego se rasgó también un enorme velo blanco colocado sobre el altar mayor de la catedral, se apagaron todas las luces del templo y de los costados capillas los petardos estallaron como truenos. era el popular ceremonia de ‘para rasgar el velo’, segundo, cómo en la antigüedad el velo del templo era un recordatorio constante de que el pecado aleja a la humanidad de la presencia de Dios, y ahora, con su muerte, Jesús ha redimido al mundo del pecado.

Ambas ceremonias, muchos otros momentos y vivencias semanas antes, como el júbilo que palpitaba el Sábado de Gloria, con sus particulares costumbres y tradiciones, así ‘Burting Judas’ en la Plaza de Santo Domingo -que hoy, de otra manera, se conserva en otros pueblos como Teror o Valleseco, con su ‘Quema de Judas’-, con el ruido de los niños y los petardos en las vías del tranvía, con las bocinas de las barcas en las puerto unísono de las campanas en la madrugada del Domingo de Resurrección, evocan muchos momentos de nuestro pasado, o de otras generaciones, y ambos deben ser como una nostalgia al revés, es decir la que nos impulsa a soñar y añorar las Semanas Santas que están por llegar, las que debemos construir con una perspectiva actual y la memoria de lo acontecido en los siglos de historia insular.

Triana participa en una procesión sin precedentes

La XXXII salida procesional organizada por la Cofradía de Nuestra Señora de los Dolores de Triana, Virgen de las Angustias y San Telmo recorrió en la tarde de este martes las calles del barrio de Triana de la capital con la novedad de la presencia del Cristo del Perdón y de la Misericordia.

Una imagen que abrió la procesión que junto a la Virgen de los Dolores respetó el itinerario tradicional de una procesión que en 2022 se cambió a Martes Santo para no coincidir con el Santo Encuentro y para que los fieles pudieran disfrutar de ambos.

Por Mar Eusebio Sanchez

Mar Eusebio Sánchez es una periodista española que ha trabajado en el sector durante más de 10 años. Comenzó su carrera como reportero local en su ciudad natal, Alicante, antes de trasladarse a Madrid para trabajar en el diario El País. En los últimos años, ha sido colaboradora habitual del Servicio Mundial de la BBC, escribiendo sobre política y cultura españolas.

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