Vie. Ene 27th, 2023
Película de alunizaje en un almacén de Las Palmas de Gran Canaria

¿Qué es el fútbol? La pregunta anterior probablemente no tenga una respuesta que conduzca a una verdad absoluta. Para algunos es un juego, para otros es un deporte y para algunos es un negocio. Ahora bien, si sales a la calle y planteas la pregunta entre todos los transeúntes que te encuentras durante un paseo dominical, seguro que obtienes algunas respuestas muy particulares que se alejan de los conceptos habituales que se utilizan para definir el fútbol. También corres el riesgo de toparte con alguien sin escrúpulos que te diga que eres aburrido –en este caso busca Lucas 23, 34: “Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen”–. Ayer por la tarde, en pleno derbi canario, esa pregunta ¿qué es el fútbol?, una de las grandes cuestiones por resolver en el universo, me asaltó de nuevo. No fue porque tuve un ataque metafísico durante el partido. No era el momento adecuado para profundizar, ni yo ni mis compañeros estábamos en condiciones de afrontar una revelación casi divina tras un sábado de fiesta de fútbol. Era un acto mucho más sencillo: ver en acción a la Unión Deportiva Las Palmas y al Club Deportivo Tenerife, con diferentes planes sobre el césped buscando el mismo objetivo, una victoria para alegrar a la gente, me llevó a ese insondable punto de partida. Estamos todos bien. No estoy aquí para dar una respuesta definitiva a la pregunta que nos acompaña desde la primera línea del texto. Tampoco escribo para alabar un estilo y condenar nada más allá de esa idea. El fútbol es tan bonito porque es impredecible -tanto que vimos a Japón derrotar a Alemania en el Mundial- y porque tienen cabida todos los dioses: el futbolista técnico, el jugador de trote y bota, el espectador que lo interpreta como un batalla de ideas, el hincha visceral, el periodista baloncestista, el analista de datos que no deja nada al azar, el entrenador tacaño, el entrenador divertido y hasta el que acaba de pasar con ganas de fiesta. Entiendo que todo el mundo se ha acercado al fútbol buscando algo gratificante y, a partir de ahí, ha desarrollado su pasión o incluso su profesión. En mi caso, di el primer paso en la búsqueda de la pelota por diversión: jugar horas y horas con los amigos del barrio mientras soñábamos con emular a Maradona en el estadio Azteca de México 86. Por suerte, el entusiasmo por el fútbol después de eso se convirtió en algo como un oficio: un periodista adscrito al día a día de la UD Las Palmas. Ahí, cerca de los profesionales en el tema, entendí que esto seguía siendo un juego que pertenecía a los futbolistas. Y ahí es donde quería ir. Yo explico. Fútbol de autor Todos los que formamos parte de una liturgia como un derbi canario de fútbol nos consideramos protagonistas –y también trascendentales–. Hay periodistas que se pasan la semana calentando el ambiente porque creen ridículamente que sin esta salsa un partido así perderá interés. Hay aficionados que creen que, cálculos en mano, sin su presencia su equipo competirá con menos energía y se consideran piezas imprescindibles. Hay dirigentes que incluso están convencidos de que el partido lo pagan ellos. Y hay entrenadores que piensan que el juego es suyo, que todo empieza y acaba en su pizarra. Esa corriente que señala a los entrenadores como guardianes de todas las esencias del fútbol está, por desgracia, creo, demasiado extendida. Ahora hablemos del Manchester City de Guardiola, el Liverpool de Klopp, el Tottenham de Conte, el Barça de Xavi, el Betis de Pellegrino, el Valencia de Gattuso y el Tenerife de Ramis. El juego se ha convertido en una obra de autor. Y para este derbi canario, sospecho, se dio más importancia a la hormigonera de Ramis en Tenerife que al talento de sus futbolistas. De los futbolistas A estas alturas del texto, confieso que soy de los que piensan que el fútbol es un juego en el que suele ganar el equipo que tiene los mejores jugadores y que trata de divertirse con el balón como mejor aliado -o asociaciones basadas en toques rápidos y certeros o con remates lanzados a cielo abierto en contraataques verticales; Yo valgo tanto como muchos otros. Obviamente, tal declaración es demasiado simple para dar una imagen precisa de un deporte tan complejo donde a veces dos más dos no son cuatro. Pero en el derbi de este sábado en el Gran Canaria Stadium -creo- ese concepto se hizo realidad: la UD Las Palmas ganó porque sumó a su equipo once jugadores más con talento a través de una idea de juego más lúdica. Loiodice, Mfulu, Pejiño, Jonathan Viera, Sergi Cardona y Moleiro se lo pasaron en grande y la UD Las Palmas fue muy superior a un CD Tenerife atrapado en deberes oficiales como aguantar una jornada de ocho a dos. Puedo estar equivocado y el fútbol es otra cosa. Pero cuando me siento a ver un partido del Manchester City aspiro a ver alguna picardía entre De Bruyne y Haaland; cuando me tome un descanso para disfrutar del Liverpool, quiero que Salah deje algún genio atrás; cuando enciendo la tele y me encuentro con un partido del Barça, busco a Pedri; Y cuando la Champions calienta y el Real Madrid empieza a llenarse, me siento a disfrutar con Modric y Kroos. Lo que hacen Guardiola, Klopp, Xavi o Ancelotti me parece más terrenal. ¿Un buen plan? No deja de ser una simple lectura de algo tan complejo como el fútbol, ​​pero los mejores equipos del CD Tenerife que recuerdo son los que reunían a futbolistas técnicamente dotados con la intención de ser protagonistas: Chemo del Solar, Redondo, Quique Estebaranz, Felipe, Pizzi, Robaina, Juanele, Hugo Morales, Alfaro o Nino–. Todo con la idea de conformar un equipo que quisiera imponer su propio estilo de juego, con calidad, teniendo el balón y saliendo sin complejos ante cualquier rival. Sí, sé que las comparaciones son odiosas. Y no es mi intención compararme con épocas y modelos. Pero ver a Teto sentenciado a parar a Marc Cardona en la banda oa Javi Alonso haciendo sombra a Jonathan Viera no parece un buen plan. No para ganar, no para divertirte en la cancha o para entretener a tu familia.

Por Jose Luis Pastor Gomez

Jose Luis Pastor Gómez es un famoso periodista español. Nació el 5 de mayo de 1966 en Madrid, España. Tras finalizar sus estudios en la Universidad Complutense de Madrid, comenzó su carrera profesional como periodista en 1988. Ha trabajado para varios periódicos y revistas como El País, El Mundo y ABC. Además, ha colaborado en diferentes programas de radio y televisión. Su trabajo ha sido reconocido con varios premios, como el Premio Rey de España al Mérito Periodístico (2001) y el Premio Nacional de Periodismo (2002). En la actualidad, José Luis Pastor Gómez es miembro de la junta directiva de la Asociación Española de Editores de Periódicos (AEDE) y de la Asociación Internacional.

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