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Don Pedro Infinito y todos los que le siguieron

Hay calles que tienen un don y que forman parte de la memoria de quienes nunca las han pisado. Sucede con don Pedro Infinito, aunque casi siempre se olvida el regalo. Muchas referencias a Las Palmas de Gran Canaria están ligadas a este eje vertebrador del barrio de Schamann. Recordamos todos los anuncios de radio en los que sonaba esta calle que años atrás, antes de la aparición de los centros comerciales, albergaba muchos negocios emblemáticos de la capital. Ahora don Pedro Infinito poco tiene que ver con el ajetreo de los años setenta u ochenta del siglo pasado; pero cuando la recorres te das cuenta de que conserva una personalidad diferente a las demás calles, aunque las tiendas se hayan vuelto asiáticas o franquiciadas sin esencia de barrio. Su paisano también ha cambiado. Quedan muchos ancianos, jubilados que caminan despacio por las aceras y que se topan con la mezcla de una ciudad que mira al siglo XXI con el mismo cosmopolitismo que nos enseñó la llegada del Muelle de La Luz en los albores del XX. . Esta ciudad también es un puerto en zonas alejadas de la costa, diversa, con algunos bazares improvisados ​​y con calles diseñadas como un Macondo que tenemos que inventar de vez en cuando para no perdernos.

Todas las calles de esa zona de Schamann llevan nombres de personajes de Benito Pérez Galdós. Uno se imagina a Galdós en su escritorio creando Mariucha o Don Pío Coronado sin poder imaginar que cien años después serían los nombres que mucha gente asociaría con su pasado, sus familias o sus sueños. Una ciudad que equipara personajes y personas se convierte en algo más que una sucesión de aceras, pasos de peatones y portales. Cuando Galdós las vio nacer en su cabeza, aquellas calles eran campos de cultivo o descampados que ignoraban también el trazado urbano que les esperaba. Tampoco intuyeron esas calles y esos personajes que los arrabales iban extendiendo tanto que ya casi no sabemos dónde acaba la ciudad y empieza el campo, ni sabemos a veces si algunos personajes son más reales que los escritores que los crearon.

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Recuerdo llegar a casa de una tía materna que vivía en una casa de la calle Doña Perfecta, nombre eufórico que siempre nos pareció curioso mucho antes de leer a Galdós. En aquellas visitas de mediados de los años setenta, en las calles paralelas y transversales de Don Pedro Infinito había muchos niños jugando por todas partes. Lo mismo sucedió en los países que ahora visitamos, sin clamor infantil ni atropellos enloquecidos en las esquinas. Recuerdo jugar al fútbol en una de esas calles, y una cosa que me llamó la atención de Schamann durante esos años fue la cantidad de veces que se metían pelotas debajo de los autos y el arte que tenían mis primos y sus amigos para liberarlos y seguir jugando diez. contra diez, o siete contra siete, sin más reglas que el recorrido de esa pelota, que pocas veces fue un reglamento, y sus peligrosas aventuras. Ahora uno de esos juegos sería impensable, apenas se ven niños por la calle y los coches acabaron convirtiéndose en los reyes de la ciudad que improvisamos.

Algunas callejuelas de Don Pedro Infinito también han llegado a parecerse a muchas zonas de Queens, Nueva York, o Bravo Murillo, Madrid, por el bullicio de la música salsa, la bachata o el sonido caribeño que se escucha en muchos hogares y en los bares que han cambiado decoraciones y dueños. El camino ya ha vuelto, y seguramente muchos de los que viven en Schamann son hijos o nietos de los que se fueron a Venezuela en los años 60 y 70. Las ciudades se escriben con esos encuentros de culturas, como cuando los primeros habitantes de las ciudades de la isla llegaron trayendo los santos, la licencia o el jeito de Moya, Valsequillo o Agaete. Ahora ese eco de voces y nombres se cruza con Colombia, Venezuela o República Dominicana y, a su vez, se encuentra con la presencia asiática que marca gran parte de la vida comercial de un barrio que aún conserva la esencia reconocible de otros tiempos. . A veces es tentador agacharse en alguno de los coches aparcados en Tormento, Tristana o Marianela a ver si encuentran un balón de los que han encontrado nuestras patadas improvisando sueños futbolísticos; pero a veces también dan ganas de buscar a Benina al final de vía Misericordia o de ver si finalmente Alejandro Miquis, un remedo del joven Galdós que soñaba con ser dramaturgo, recorre la novela de la vida siguiendo el camino del Doctor Centeno. . Galdós los llevó de paseo por Madrid y por los libros sin saber que, en sus viajes quijotescos y románticos, acabarían casi a las puertas del lugar que lo vio nacer mucho antes de que aparecieran.

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Por Jose Luis Pastor Gomez

Jose Luis Pastor Gómez es un famoso periodista español. Nació el 5 de mayo de 1966 en Madrid, España. Tras finalizar sus estudios en la Universidad Complutense de Madrid, comenzó su carrera profesional como periodista en 1988. Ha trabajado para varios periódicos y revistas como El País, El Mundo y ABC. Además, ha colaborado en diferentes programas de radio y televisión. Su trabajo ha sido reconocido con varios premios, como el Premio Rey de España al Mérito Periodístico (2001) y el Premio Nacional de Periodismo (2002). En la actualidad, José Luis Pastor Gómez es miembro de la junta directiva de la Asociación Española de Editores de Periódicos (AEDE) y de la Asociación Internacional.

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