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En 1918, Francisco González Díaz mencionó en su libro «Teror» la figura del párroco Juan González, quien se destacó por su dedicación en la construcción del santuario en Arbejales. Mi abuela materna, que recordaba al cura Juan González, me contaba sobre las alegres juntas que se organizaban para ayudar en la construcción del templo. González Díaz describe a Juan González como un cura perseverante, amado y respetado por su comunidad. Con la ayuda de obreros voluntarios, principalmente mujeres, se llevó a cabo la construcción del santuario. Este proyecto representaba un verdadero esfuerzo colectivo, donde personas de todas las edades y condiciones participaban con entusiasmo movidas por la fuerza de la Fe.

Juan González Hernández fue un párroco destacado en Teror, sustituyendo a don Judas y precediendo a Antonio Socorro. Ignacio Quintana Marrero, poeta y periodista terorense, lo describió como un hombre excepcional, dedicado a su labor pastoral y a la construcción del templo en Arbejales. Su carácter era reservado, reflexivo y justo, siendo poco comprendido por la gente común. Sin embargo, su trabajo incansable y su vida interior profunda dejaron una huella imborrable en la comunidad.

El 18 de mayo de 1913 se bendijo el templo dedicado al Sagrado Corazón de Jesús en Arbejales, gracias al empeño de Juan González y la colaboración de los vecinos. La obra se completó en cinco años, siendo un logro notable para la época. En 1914, se celebró el aniversario de la colocación de la primera piedra con una ceremonia religiosa que contó con la presencia del Obispo Doctor Marquina y la designación de la Virgen del Pino como Patrona de la Diócesis de Canarias. Este evento fue motivo de alegría y celebración en Teror, con música, campanas y decoraciones festivas.

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José Bethéncourt Montesdeoca, otro terorense, resaltó en 1918 la suntuosidad y el derroche de la ceremonia de consagración del templo en Arbejales, destacando la fe y el patriotismo del pueblo que apoyó la construcción. La abnegación y el entusiasmo de la comunidad fueron fundamentales para llevar a cabo esta obra monumental, que simbolizaba la grandeza espiritual y la independencia del pueblo de Teror.

En resumen, la figura de Juan González Hernández y la construcción del templo en Arbejales representan un capítulo importante en la historia de Teror, donde la fe, el trabajo en equipo y el sacrificio se unieron para lograr un objetivo común. Su legado perdura en la memoria de aquellos que participaron en esta empresa y en la comunidad que sigue venerando el santuario como un símbolo de su identidad y espiritualidad.

Aquí va la fuente original

Por Mar Eusebio Sanchez

Mar Eusebio Sánchez es una periodista española que ha trabajado en el sector durante más de 10 años. Comenzó su carrera como reportero local en su ciudad natal, Alicante, antes de trasladarse a Madrid para trabajar en el diario El País. En los últimos años, ha sido colaboradora habitual del Servicio Mundial de la BBC, escribiendo sobre política y cultura españolas.

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