Dom. Abr 14th, 2024
Francisco Suárez Álamo

Después de luchar, desde 2021, contra un cáncer de pulmón que sigue ahí, pero bajo control, este miércoles José Miguel Pérez (1957) vuelve a lo que viene haciendo desde hace tantos años, algo que echa mucho de menos y que tiene que afrontar, como confiesa, emocionado pero también nervioso. Escogió la sede de la Fundación Juan Negrín para la entrevista, elección que es toda una declaración de intenciones, pues entiende que hay que seguir luchando por conocer y reivindicar la figura de Gran Canaria en sus diferentes facetas: científica, política y humanista. . Y porque, como historiador, le apasiona mostrar las cajas llenas de documentos del archivo Negrín que quedan por descubrir.

Hay elecciones en mayo. ¿Se le ha pasado por la cabeza volver a la vanguardia de la política? ¿Lo veremos en alguna candidatura, aunque no esté en los primeros puestos?

– (Sonríe). Nerd. No participaré en ninguna aplicación ni me lo perderé. Si puedo colaborar en algo, ya saben que puedo, sobre todo si es para Carolina Darias, con quien tengo una relación maravillosa desde hace muchos años.

-Pero supongo que no dejará de ser político. ¿Eres de los que piensas que tienes que ser político aunque no estés en primera línea?

–La política ha sido el centro de gran parte de mi investigación histórica, no exclusivamente pero sí en gran medida: la historia de la política. En un momento me ofrecieron, en dos ocasiones, encabezar la candidatura al Cabildo y yo lo tuve muy claro, cuando dije que sí, que esto tenía un tiempo de entrada y de salida. Luego hubo un momento que pensé que tenía un mandato extra allí, pero pasó lo que pasó: a la persona que iba a postularse para presidente y secretario regional le dieron otro puesto y me presenté. Pero sigo escudriñando la política contemporánea, aunque ya desde los ojos del historiador.

Desde esos ojos de historiador, ¿cómo cree que se analizará el momento político actual de España dentro de cien años? Lo digo pensando en los que leen, por ejemplo, las actas del Congreso.

– ¡Maldita sea! Hay tantas cosas que están ahí que desearía que no estuvieran ahí, pero hay que dejarlas ahí porque es el verdadero testimonio de lo que pasó ahí. Hay diferentes fases y momentos; No creo que estemos en la mejor etapa de lo que debe ser el trabajo en el Congreso, pero tenemos lo que tenemos. En general, creo que estamos atravesando una etapa que tiene una larga historia, desde la Segunda Guerra Mundial en adelante, que afecta a toda Europa, y que no sigue un desarrollo, digamos, lineal.

Dictadura

«La derecha debería haber protagonizado una cierta ruptura con la dictadura. Tranquilo pero rompiendo»

–¿Se le ocurrió que estaba presenciando una guerra en Europa como la de Ucrania?

–No, porque, al menos para mí, con la guerra de los Balcanes Europa se había dado cuenta de hasta dónde podía llegar la ferocidad. Pensamos que aprendimos de esto, pero con las guerras mundiales pensamos que entendíamos que podemos autodestruirnos, porque tenemos la capacidad técnica para hacer desaparecer el planeta. Sin embargo, en cierto lugar, a alguien se le ocurre iniciar una guerra, y como todas las guerras, uno sabe cómo comienza pero no se controla. Si Putin pensó que era un desfile militar, veamos que no lo es; si pensábamos que era solo para recuperar territorio, vemos que tampoco es así, porque está el papel paralelo de China y Estados Unidos, con su enfrentamiento. Hacer una predicción ahora es casi imposible.

– Volviendo a España, ¿esas comparaciones ampliamente dialécticas, que escuchamos en el Congreso y que están, como señalé antes, en el Diario de Sesiones, en parte se deben a un desconocimiento de lo que fue la Transición?

-No hay duda. Con el escudo de presentarse como algo diferente y válido para dar respuesta a los nuevos problemas que han ido surgiendo, siempre ha surgido el recurso al pasado, a la justificación del pasado. Me hace gracia cuando algunos ponen en caldo la Transición sin haber leído un solo libro de estudios comparados sobre lo que representó esa etapa, por ejemplo para España o América Latina. Fue una pena, en mi opinión, descalificar a Transition como lo han hecho algunos ¿Por qué se desconocía? Inseguridad. ¿Por qué han tratado de justificar con ella algunas posiciones del presente en peores términos de lo que sería una democracia avanzada y liberal? Bueno, sí, también. ¿Se confunde la política exclusivamente con la lucha por el poder? Puré de patatas.

–La Fundación Juan Negrín, donde se desarrolla esta entrevista, es un ejercicio práctico de memoria histórica. Pero esa memoria histórica se cuestiona en España. ¿Hasta qué punto hubo algo malo en ese proceso que dio lugar a críticas? De vez en cuando nos encontramos con personas que dicen abiertamente: «¡Más que hablar de la guerra civil y caminar entre los muertos!».

-Hay una excepcionalidad española en esto. No culparía a aquellos que decidieron en ese momento que ciertos asuntos nunca se volverían a mencionar. El mismo Negrín tiene algunas frases interesantes al respecto: era consciente de que la guerra civil era un horror, una carnicería, y trató de alguna manera de llegar a un acuerdo, sabiendo que sería imposible. Lo que dijo en su momento fue que estaba dispuesto a negociar y conocemos sus propuestas. ¿Qué sucedió? Ha ganado la derecha, lleva mucho tiempo en el poder y esto se ha olvidado. Mucha gente que había estado con la República, por miedo o no, decidió dejar de lado ese recuerdo. Pero eso no impide que sepamos que fue una dictadura, que mataron a mucha gente, para que podamos encontrar los restos de miles de personas, y no me importa ningún lado, y que sus familias les puedan dar una entierro apropiado. En eso la izquierda fue generosa en esos años, pero la derecha debió haber protagonizado una cierta ruptura con la dictadura, una ruptura pacífica, pero una ruptura. Y a veces en sus discursos encuentras que no está preparada para eso, que siguen haciendo la misma pregunta. Incluso en ciertos sectores de la izquierda te encuentras con interpretaciones que te llevan a preguntarte: ¿de dónde lo sacaron?

JUAN CARLO ALONSO

–¿Se deben desmantelar los monumentos de Franco, se deben renombrar los lugares?

– Depende de cada caso. Cuando se retiró la placa del Gobierno Civil de Las Palmas, que estaba ubicada en un edificio institucional, esa placa lo que decía no era solo para recordar lo que allí pasó, sino también para rendir homenaje a un partido que hizo lo que hizo: fue tremendo como fueron de ahí, se infiltraron en el pueblo donde estaban las autoridades democráticas y en un par de días desmantelaron la posibilidad de resistencia democrática. ¿Fue agradable tener ese plato o no? A mi modo de ver, lo sucedido se puede explicar sin honrarlo y por lo tanto involucrando al Ejército en este dilema.

–¿Y los nombres de las calles?

–Si me dices: ¿sería bonito quitarle el nombre a la calle a Juan de la Cierva, el inventor del autogiro? Bueno no; Era un ingeniero bebedor y aunque luego hizo lo que hizo con sus decisiones políticas, bueno, eso no se lo quitaría. Curiosamente, cuando Manuela Carmena era alcaldesa de Madrid y hubo una revisión de los nombres de las calles, el ayuntamiento le dijo a la Fundación Juan Negrín que iban a nombrar una calle para Negrín. Cuando vi los nuevos nombres de calles en la prensa, el único que había desaparecido era el nombre de Negrín. ¡Qué casualidad!

–¿Y el Valle de los Caídos? ¿No se trata de derribarlo sino de ponerlo en su contexto? Y que quien va allí sabe la verdad.

-Sí Sí. Por un lado, está la dificultad de sacar a los muertos de ambos lados, pero hay que hacer un esfuerzo para que las familias tengan los restos. ¿El monumento en sí? Si los faraones construyeron pirámides para enterrarse, Franco construyó su propia pirámide (sonríe). Pensando así, pongámonos en la Alemania de hoy o en la Italia de hoy y terminamos con un monumento a Hitler oa Mussolini. ¡Lo bombardearían sobre la marcha! (sonríe). Sin embargo, vas a un campo de concentración, donde apenas hay edificios, pero el recuerdo está colocado.

– ¿El historiador sigue encontrando la verdad más en la historia de los vencidos y menos en la de los vencedores?

-Sí. Tendemos a estar demasiado predispuestos a que nuestras ideas de entrada vayan en un sentido u otro. Es un gran peligro el que tiene la historiografía. En la Fundación Juan Negrín lo que estamos haciendo es, por un lado, salvar una figura que se ha dicho que es todo menos bella, a diestro y siniestro, y por otro porque, si no, no entendemos qué pasó. . Nuestra obligación es llegar a entender lo que pasó, nos guste o no.

–¿Cómo va a contar un historiador lo que vivimos en el 2020, con pandemia?

–Ya se ha apuntado la posibilidad de que acabemos con esto. Algunos libros ya han señalado la posibilidad de nuevas guerras, crisis demográficas, un proceso de globalización que afectaría no solo a la economía sino también a la información, y por supuesto nuevas enfermedades que se llevarían consigo a mucha gente. En la Edad Media una pandemia tardaba años en llegar de una parte a otra, aquí ya hemos visto que en 24 horas íbamos de un extremo al otro del mundo.

– Al menos la pandemia ha servido, en el caso de España, para abrirnos los ojos a la importancia del público.

-Si y no. No en el sentido de que me temo que no apreciaremos la importancia de la ciencia y la investigación en todos los campos y todos los terrenos cuando pase algún tiempo. Tenemos un sistema público que funciona bien, contamos con centros de salud subvencionados, pero la gran pregunta es: ¿tendremos el cerebro suficiente para prepararnos para lo que nos pueda pasar? No sé. Lo veremos en los estados financieros de los próximos años. Veo que el actual gobierno lo ha hecho y no lo voy a decir porque mi amiga Carolina es ministra. Yo le digo a Carolina que lo mejor que puede hacer es buscar consensos, y seguro que salvo una comunidad autónoma se han llegado a acuerdos con el resto. Y así fue salvo en una comunidad muy centrada en la geografía española.

–Regresa a clase después del descanso por enfermedad. ¿Cómo lo afrontas?

Pues confieso que con bastante…

-¿Como el alumno que inicia el curso?

– (sonríe) Sí. Con cierto nerviosismo, como si tuviera que dar mi primera lección.

–Referencia al precedente de Fray Luis de León: «Como dijimos ayer…»

-Sí Sí. Por un lado tiene el lado positivo que el oncólogo que me lleva me ve en buenas condiciones y que no ha sido fácil llegar a este punto. Pero hace unos meses empezamos a hablar de esta posibilidad y yo lo había presionado a él y a mi familia.

Cáncer

“Ahora pienso en algo que no es fácil: enfrentar lo que han enfrentado todos los que nos precedieron”

¿Qué has aprendido de la enfermedad?

– Pues muchas cosas. En los primeros tres meses pasé por un momento muy malo, con incertidumbre, con miedo. Tuve que cambiar radicalmente mi vida. Siempre iba a toda velocidad, haciendo muchas cosas al mismo tiempo y era muy difícil para mí ir más despacio y llevar una vida lenta. Dejar las cosas que hacía me costó mucho, profesionalmente y en mi familia. Después de esos meses aprendí algo muy importante: no sabía que tenía tanta gente a mi alrededor que me amaba. He sido discreto con este asunto pero he recibido llamadas de muchas personas que no sé cómo se enteraron. Personas que no había visto en años me enviaron mensajes de texto, me animaron y me amaron, y eso, junto con mi familia, fue lo mejor que me pasó. Y ahora trato de pensar en algo que no es fácil: enfrentar lo que han enfrentado todos los que nos han precedido… y yo, por supuesto, no viviré para siempre. Nunca nos lo planteamos, pero no quiero afligirme por mí, sino dar lo mejor de mí cada día, tanto por mí como por las personas que me rodean y la sociedad en la que vivo.

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Por Jose Luis Pastor Gomez

Jose Luis Pastor Gómez es un famoso periodista español. Nació el 5 de mayo de 1966 en Madrid, España. Tras finalizar sus estudios en la Universidad Complutense de Madrid, comenzó su carrera profesional como periodista en 1988. Ha trabajado para varios periódicos y revistas como El País, El Mundo y ABC. Además, ha colaborado en diferentes programas de radio y televisión. Su trabajo ha sido reconocido con varios premios, como el Premio Rey de España al Mérito Periodístico (2001) y el Premio Nacional de Periodismo (2002). En la actualidad, José Luis Pastor Gómez es miembro de la junta directiva de la Asociación Española de Editores de Periódicos (AEDE) y de la Asociación Internacional.

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